Editorial
Los protagonistas de la evolución de la fonoaudiología como profesión en el país somos concientes de la enorme distancia que existe entre nuestros inicios, cuando éramos pocos y debíamos ejercer la función de docencia en la sociedad, para que se supiera que nuestra profesión -muy nueva- existía y cumplía un rol trascendente dentro del sector de la medicina recuperativa y también de la preventiva, en los tiempos en los que sólo se nos asociaba con la otorrinolaringología.
El presente de la fonoaudiología es otro, la sociedad en todos sus ámbitos ha llegado a reconocernos. Pero para ello, fuimos nosotros -los protagonistas- los que debimos trabajar en esa dirección. Nos encontramos con una profesión que ocupa un lugar y que, como tal, debe dar respuestas, tanto científicas como sociales, una de ellas es la de contar con una estructura organizativa que responda a lineamientos ya establecidos por el estado.
En nuestra Provincia es la Ley Nº 10.757 la que brinda un marco regulatorio al ejercicio profesional organizado. A partir de la existencia del colegio es posible un diálogo intenso, abarcativo y productivo, tanto con la autoridades políticas, como con los pares de otros colegios, en este constante interactuar social. Mal podríamos pensar en algún tipo de diálogo si no partiéramos de una organización interna representativa de todos, que si bien puede ser perfectible, es la que nos permite pensar en plural, para todos los representados.
Los que, desde un primer momento, sostuvimos la necesidad y trascendencia de la existencia del Colegio, encontramos que los hechos nos dicen que estábamos en el camino… Porque desde aquel 1989, en que se creó el nuestro, hemos logrado identificarnos, unirnos, ser marco referencial y muy especialmente convertirnos en interlocutores válidos con todos los sectores de la sociedad, ya que las autoridades que nos representan, surgen por elección democrática.
No estamos pensando sólo en la validez que adquiere esto para aquel colega que vive en centros con significativa densidad de población, sino que incluimos especialmente a aquel que todavía hoy abre caminos en medios rurales o más pequeños. Es a ese colega a quien se le presenta la posibilidad de dialogar con instituciones y personas que deben reconocer en él no a un profesional aislado, que responde sólo por el hacer científico (con lo que de desventaja pueda significar él solo), sino que es un miembro de la organización que al autorizar su hacer responde por él, que tiene peso legal y qué, como tal, es parte de la estructura provincial.
Son muchos los hechos que a partir de la existencia del colegio han surgido. Desde la posibilidad de integrar nucleamientos inter-colegios, para pensar en pos de la sociedad profesional, hasta el surgimiento de instancias de complementación curricular que han aumentado con su existencia un nivel de jerarquización profesional de significación.
Los tiempos sociales y económicos son muy determinantes, quedó atrás ya la época en que las grandes metrópolis eran entre otras cosas el punto de concentración del saber. Hoy la oferta educativa formativa y de perfeccionamiento se acerca y se unifica a lo largo de la provincia y el país.
La profesión tiene el compromiso de continuar evolucionando, a la vez que mantener el nivel de excelencia alcanzado, la multiplicidad de ofertas de complementación y de perfeccionamiento que instituciones académicas de prestigio ofrecen, nos confirma que era necesaria la existencia de una estructura de organización que nucleara y permitiera, de algún modo, hacer conocer la necesidad de los profesionales de acceder a situaciones educativas posibles, para que pudieran seguir brindando lo mejor de sí, dentro de un marco científico que garantice y resguarde la salud individual y social.


